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Historias de Rock con el 8: Paula Y

Me sigue pareciendo un pequeño milagro las veces benditas que le he traído mis cosas raras a Santi Pekeño Ternasko y que no sólo no me haya echado, sino presentir las ganas que tiene de leerme.

Normalmente suelo traer distorsión, satanismo y destrucción, pero hoy vamos a bajar un poco el ritmo para servir como homenaje a los músicos. Desde mi atalaya, pero con la hermandad como artista —escritor—, hay algunas cosas que quiero decir.

Por Teodoro Balmaseda
La parada del mes: Paula Y-Géminis.

Suelo andar al loro de la actividad cultural en Logroño. Normalmente me sirve para sentirme mal porque no voy a todos los conciertos que me gustaría, pero de vez en cuando aparece algo que me sacude. Di con una artista, una chica, Paula Y, que acaba de sacar Geminis. Si algo he aprendido 62 entregas después, es que cualquier disco se merece media hora tranquilita para poder degustar. Olvida las guturales de Max Cavalera y el doble bombo de Joey Jordison. Míralo desde Morcheeba, Massive Attack o Portishead.

Writing a song about abre fuego. Tiene cierto sonido Kraftwerk, con un poco de Portishead en Machine Head, sobre todo en las baterías. También es heredera de Amy Winehouse en la estructura de las estrofas, y tiene el espíritu de Audrey Hepburn en Moon River, la que desconcentraba a George Peppard en Desayuno con diamantes. Seguramente soy un pedante que va de sabiondo, pero este tipo de sonidos me hacen sentirme artísticamente sensible, no tan bloque de hormigón. Al salirme de mi zona de confort, entro en una especie de tierra de nadie donde miles de ideas sueltas que flotan en el vacío se conectan entre ellas. Me siento un poco más listo —menos inepto—, que hace diez líneas, y me siento un poco inspirado, aunque no sé muy bien para qué.

Limbo. Empieza: ojalá dentro de un tiempo, cuando lea esta letra, todavía me crea algo de lo que estoy diciendo. A eso me refería con empatía. De vez en cuando, muy de vez en cuando y cada vez menos, releo alguna de mis novelas, alguna reseña, algún relato mío. No me cuesta mucho aislarme mentalmente y afrontarlo como si lo hubiera escrito otra persona y, más allá de correcciones puntuales, suelo quedar relativamente satisfecho porque normalmente las ideas que quería transmitir no envejecen mal, más allá del mero texto en sí. Paula, con un sonido que parece evadir el estrés de la rutina diaria, que suena a un rezongante domingo por la mañana, reflexiona sobre el clásico «más vale sólo que mal acompañado».

Social Skills marca el ecuador con un piano que se parece un poco a la banda sonora de Sólo asesinatos en el edificio. Aquí sí que me quedo un poco fuera de onda. La base parece un poco dubstep, algo como Delta Heavy, pero más leñero y, en combinación con la voz femenina, estoy pensando en algo más pop, como Britney Spears en Toxic, o Nelly Furtado en Maneater —no puedo creer que mi cerebro almacene estas cosas—. Aún así, Paula tiene esa solemnidad, esa elegancia, de gente como Diana Ross o la mencionada Amy Winehouse. Es una reinvención de las damas del blues. La misma elegancia, pero estilos y conceptos diferentes.

No sé sí que me resulta más reconocible. Esa guitarra, que parece eléctrica, pero sin distorsión, puede ir desde el Hero of the day, de MetallicA al Debe quedar algo, de Reincidentes, pasando por una Vanexxa a la que siempre he tenido en el rabillo del ojo. Aquí sí que te la puedes imaginar apoyada en el alfeizar de la ventana, cruzando miradas con George Peppard, que estaba tecleando en la máquina de escribir.

Urhelp despide el trabajo mientras estaba pensando en cómo conocí a Paula. Tenía un concierto pactado en Logroño, pero lo ha tenido que anular por motivos laborales. Por un lado, pienso en gente como Einstein o Kafka, cuyos trabajos corrientes y molientes llegaban incluso a inspirarlos a la hora de hacer lo suyo, pero por el otro, tal vez haya una generación de artistas que se eche a perder por la imposibilidad de comer de esto. Como para que encima se preparen las polémicas como la de Fernanda Lira, de Crypta. Lo dice uno que tiene que pasar albaranes como un auténtico cabrón para comer.

Por abrirme los oídos a nuevos sonidos, a las nuevas generaciones, y por hacerme reflexionar sobre arte y trabajo, además de dejar fluir mi libre asociación de ideas:

Paula Y. Géminis.

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