Historias de Rock con el 8

Historias de Rock con el 8: Koma – El Catador de Vinagre (HR8)

el catador de vinagre

La parada del mes: Koma. El catador de vinagre. Año1999.

 

Durante una buena temporada en mis años mozos me dio por seguir la NBA. Siempre he sido más de fútbol que de baloncesto, pero hay acontecimientos que a uno le retumban dentro del coco, que sabe que no puede perderse, y aquellos dos últimos anillos de los Bulls de Jordan contra Utah fueron fenómenos irrepetibles. Con Chicago ya desmantelado, pero tratando yo de negar la evidencia y mantener el interés, mi viejo video se pasó buenas madrugadas grabando para que mis mañanas de fin de semana fueran amenizadas con mates estratosféricos y triples desde el aparcamiento. Con tan buena pata que un día programo el video sin casi mirar el menú y me encuentro con que me he equivocado de canal. Tengo cuatro horas grabadas, pero del ETB1. Maldiciendo mi estampa estoy a punto de quitarlo, pero hay un sonido que me deja paralizado, esperando más.

 

el catador de vinagre

 

Cuarteto ya clásico en bandas de rock y metal, una batería con doble bombo y más platos que el restaurante de Argiñano manejada por un tipo que apenas de asoma encima de tanta parafernalia, un bajo que luego descubriría como cabeza pensante detrás de las letras, guitarra solista y guitarra rítmica y voz combinado en una mole con dos brazos como jamones y unas manos que dejan su guitarra, una Gibson Les Paul parecida a la de Angus Young, pareciendo un ukelele. Por el formato, y en esos cinco segundos que el VHS tardaba en recuperar el sonido, pensé en MetallicA y decidí aguardar a ver cómo sonaba aquello.

 

La primera hostia (no se puede definir de otra manera) fue, aunque cortado el principio, Sé dónde vives. Yo estaba alucinando. Ese tío, que podría hacer de malo en una de Rocky (y zurrarle la badana al pobre Stallone), sacaba una voz a lo Max Cavalera, pero modulando la voz con más flexibilidad.Sé dónde vives… y dónde trabajas.

 

Por aquel entonces tendría yo unos quince o dieciséis años y ni el más mínimo conocimiento del contexto, Barricada me sonaba a la Revolución Francesa, Eskorbuto a una enfermedad del siglo XVI y Negu Gorriak… bueno, vale de chistecitos.

 

El caso es que, como si me hubiera quedado pegado al sofá, cantaron unas cuantas que se me pasaron en un parpadeo y llegaron a la de Vaya carrera que llevas chaval. Aquí empecé a valorar el trabajo de Rafael Redín, bajista y letrista de la banda, boli en mano. Sin hacer alarde tampoco de una poesía compleja y preciosista, pero sí con metáforas efectivas y un mensaje claro. Nunca se valora suficientemente la labor de un letrista en una banda. A ver, tampoco digo, centrándonos en Koma, que la voz y la imagen de Brigi, la batería trepidante de Aizpún o los solos incisivos de Natxo Zabala no tengan valor, pero no es menos cierto que no es lo mismo Bienvenidos a Degüelto que cantar sobre tías en bikini bailando alrededor de tu limusina con piscina llena de champan incorporada.

 

Buenas guitarras, doble bombo destructor, Brigi en sí mismo (a ver cómo lo clasificas) y unas letras que hacen que veinte años después (me cago en la puta, se me han pasado en un plis) sigamos coreando los mismos estribillos a grito pelado.

 

Por acercar el heavy metal y darle una impronta del norte y por tener, por lo menos, media docena de canciones inmortales: Koma, El catador de vinagre.

 

 

 

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