Camino de ochenta entregas y ocho años con mi amigo y vecino Santi Pekeño Ternasko, escribir estas cosillas se ha convertido en un remanso de paz. En vez de pasear como Sócrates con los peripatéticos, me siento frente a la pantalla, observo el cursor en mitad de un océano blanco, y reflexiono.
Durante este tiempo, he tratado de hallar algo exclusivamente humano… y no lo he conseguidoPor Teodoro Balmaseda

Long black waves es un eco a Black Sabbath, a ese metal de bajas revoluciones y alto octanaje, pero con la voz de una rockera. Ese poso, casi de blueswoman, enriquece la mezcla. Es una mezcla entre blues rock y un metal épico, lo que decimos, a trote cochinero, pero te resintoniza el corazón.
Mientras las guitarras avanzan a buen ritmo, estoy pensando en lo que anunciaba: algo exclusivamente humano. Algo que represente a toda la humanidad. ¿Los derechos humanos? Hay gente que se limpia el culo con ellos, hay incluso idiotas que renunciarían a ellos voluntariamente. ¿Los derechos de la infancia? Pregúntale a Epstein. ¿La civilización? Sea lo que fuere, me trae una idea a la mente.
I see you better in the dark. Esto tiene un aire a The Doors pero con esa aura oscura, gótica, de los HIM, por poner un ejemplo arriesgado. Es curioso, estaba pensando que me iba a encontrar puro metal, y eso es más un hard rock que un heavy metal al uso. Es más Ozzy que… no sé, Blind Guardian.
Cuando hablo de civilización, pienso inmediatamente en la Revolución Francesa. No es que antes todo fueran diplodocus y huertas, pero creo que históricamente tiene su valor o que, en el peor de los casos, dieron con unos cuantos puntos interesantes de analizar. El primero es el amigo Diderot: «el hombre sólo será libre cuando el último rey sea ahorcado con las tripas del último sacerdote».
My hair is on fire (but I will take your hand). La batería es una locura. Es como si tuviera dos percusionistas asociados, a lo Slipknot. Aún más enfatizado el alma de semi balada, aún más lento, aún más potente, como un diplodocus cruzando el desierto. Poderoso y poético en el movimiento.
La segunda idea que me viene al coco de la Revolución francesa es El contrato social de Jean-Jacques Rousseau. Así muy resumido, aunque algún politólogo me pueda pintar la jeta, digamos que el concepto que explora es una suerte de contrato implícito donde cada individuo se asocia al resto y renuncia a ciertas cosas a cambio de otras. Básicamente, se renuncia a aplicar la fuerza arbitrariamente, se ceden los derechos naturales individuales… a cambio de vivir en una sociedad que garantiza igualdad y seguridad jurídica. No vamos a juzgar a los revolucionarios del siglo XVIII con ojos de 2026, pero es innegable que en su momento era un avance absolutamente rompedor, demoledor, y ese espíritu sigue impregnando las democracias liberales burguesas actuales en Europa. Ojo, digo el espíritu, porque el paso de las décadas ha hecho patente lo débil de esos principios y lo fácilmente que pueden sucumbir a la bota de acero de los mercados.
Lovers give a kingdom to each other. ¿Quién dice que para ser cañero hay que poner distorsión? Un bombo y un par de guitarras acústicas, salpimentadas con un poco de piano, y ahí tienes: leña en condiciones. No sé por qué, pero ahora me estoy acordando de Björk. Vale que está pilladito por los pelos, pero hay un poco de paralelismo.
Pues, hablando de Rousseau, aunque sea a nivel subconsciente, es el arquetipo, el esquema casi subconsciente, que aplicamos al hablar de geopolítica: hay unas reglas de juego, algo a lo que atenernos. El problema es que, cuando estas reglas se rompen, ¿qué hacemos? ¿Volvernos salvajes de nuevo y haciendo de nuestra capa un sayo? ¿Sálvese quien pueda?
Being with the dead es más pantera que otra cosa. Es el I’m broken de estos mendas, salvando las barreras estilísticas. Podrían ser Vinnie Paul y Dimebag haciendo ese sonido crudo y brutal que tenían patentado.
Como puedes imaginar, no vivo debajo de un bunker, y he oído lo de Venezuela. Y yo digo: ¿para qué sirve Naciones Unidas? Tendría que haber un organismo supranacional que sirva como árbitro mundial, porque si no, esto al final es un vapuleo. Tenemos genocidas y criminales de guerra que han muerto en la cama, o que van dando conferencias por ahí, pero a Maduro había que secuestrarlo para juzgarlo por terrorismo. Y yo pregunto: ¿secuestrar al presidente de un país soberano no es también terrorismo? Por esa misma lógica, Netanyahu estará acojonado, ¿no?
Until forever and again. Tiene algo entre Mastodon y Gojira ese punteo… una especie de The Doors más cañeros y más oscuros, mezclados con Demons & Wizards. Es a la vez muy rockero, muy metalero y con un poco de Black Sabbath (ya sé que repito, pero Iommi tiene una sombra kilométrica).
Hay un refrán muy viejo que dice: «la mujer del rey no hace falta que sea limpia, si no que lo parezca». Con esto pasa igual. Si nos queremos llamar civilización, tiene que haber reglas o, por lo menos que lo parezca. Bush padre era un criminal, Bush hijo lo mejoró (todavía no se han encontrado las armas de destrucción masiva de Saddam, al que ajusticiaron sin juicio), pero Trump… se sale del gráfico. Se ha quitado la careta con toda la gallardía del que se tiraba con la bomba atómica en Teléfono rojo, volamos hacia Moscú y reconoce que le importa tres cojones todo, que hemos venido a saquear, y que a ver quién tiene cojones a detenerme.
Notes from the underground. Percusión caribeña en mitad del guitarreo, pero manteniendo ese ritmo napalm, lento y abrasivo.
Curiosa papeleta tiene ahora la ONU. Si empapelas a Maduro vas a quedar como una marioneta de Trump, que pide sentencias a medida. Si lo absuelves porque no tiene nada con el narcotráfico ni el terrorismo… seguramente el ICE va a desalojar la sede entera con gases lacrimógenos. Primero fue en Gaza, pero como no soy musulmán, que les den por el culo. Luego fue Maduro, pero como paso de política… Ahora vendrá Groenlandia, o Colombia (o ambos, ya total…) y mis barbas se fueron poniendo a remojo. Dijo Quevedo: «donde hay poca justicia es muy peligroso tener razón».
Between you, God, the devil and the dead. Un Roter Sand, de Rammstein. Un piano, una voz, y la verdad. Una banda reducida a su mínima expresión. Esa fase del concierto donde el escenario podría quedarse en cuatro metros cuadrados, con todos reunidos a unos pocos centímetros los unos de los otros.
Como despedida, para no irnos con esta sensación de derrota inminente, hablemos de algo positivo: lo invisible. Pedro Barroso, aparte de ser una autoridad del rock y metal, con veinte años de Feedback Rock a sus espaldas, es uno de esos tipos que tocan la música que mueve el universo. Lejos de los focos, del postureo instagramero, machadesco, siempre pendiente, me ha dedicado lo más valioso que tiene: su tiempo y su atención. Así que sirva como homenaje este disco, que me ha recomendado él, a estos años de amistad y, por el mismo precio, para mandarle un abrazo al mejor maño de todos los tiempos, que sigue albergando mis locuras. Dicen que la historia humana empieza en el primer fósil que encontraron con una fractura curada. Dieron por comienzo de la historia ese grupo de humanoides que cuidaron del lesionado, le dieron de comer y protegieron de depredadores, a cambio, imagino, de seguir contando con él. Pedro o Santi son ese tipo de personas, sin mucho ruido, pero siempre presentes.
Por ayudarme a buscar algo real y exclusivamente humano y demostrarme empíricamente lo que es amistad, lejos de fuegos artificiales: