Santi Pekeño Ternasko y yo entramos oficialmente en la senectud: ochenta paradas mensuales en casi ocho años haciendo las historias con el 8, cuando en junio de 2018 me puse a hablar del Garage Inc. de MetallicA, constantemente referenciado en las líneas, a millares, que han viajado desde Logroño a Samper de Calanda, como manda Irlanda. No sé cómo me aguanta, ni cómo me aguantáis, pero bueno, tengo decenas de ideas por explorar y, como versionaban The Rolling Stones: Time is on my side.
Por Teodoro Balmaseda

Siempre he pensado que una forma cojonuda para que una banda se dé a conocer es apadrinar a alguien del deporte, me da igual que sea boxeo, wrestling como el Enterrador, MMA… La sociedad va a seguir evolucionando hacia el espectáculo, así que tampoco sería de extrañar que veamos entrar a saltadoras de pértiga o a velocistas a la pista con Thunderstruck a toda mierda, o que Lamine Yamal meta un gol y retumbe el perreo chacalonero en televisores y el estado.
Por eso, si alguna banda lee esto: apadrinad deportistas. Si tenéis tanto talento componiendo, demostradlo. Sólo os puede salir bien. Si el deportista se lesiona o si no llegáis a reinventar el metal, tampoco perdéis nada. Ya estabais en el arroyo.
Silent divide empieza con un riff a lo Judas Priest, y estaba pensando en eso, en Metalingus, el tema de Edge, un wrestler como el Último Guerrero, Hulk Hogan o Bret Hart (si sabes quiénes son, te duelen las rodillas cuando va a llover, y si no, busca la canción que empieza por andis güey tudeescriner). Si no hubiera sido por Edge, no los hubiera conocido seguramente. Aparte de la voz de Miles Kennedy, siguen teniendo algo inigualable, distintivo. Creo que es la mezcla del guitarreo en sala de máquinas debajo de los vociferios del amigo Miles, uno de los predilectos de mi hermano de otra madre Marcelito, que no le pierde pista. Cuando le metes doble bombo y destrucción a un tema con el tempo un poco más lento, se convierte en una especie de hard rock denso, como el Walk de Pantera, pero al trote.
Rue the day. Creo que han bajado un poco las revoluciones, acercándose a los Saliva originales. Por cierto, Saliva, los que le ponían música a Batista, ahora Dave Bautista, actor más que conocido (y más que solvente en ocasiones). ¿Por qué me gusta el wrestling? Si es para niños, si no se pegan de verdad… Espera, si Steven Seagal le calza 3 hostias a un pelanas y le parte el brazo por tres sitios… ¿En la siguiente escena sale escayolado el notas?
Power down. Esto mola. Si se lo pones a Guirimbi, empieza a berrear «¡Aquí viene la destrucción!». Al fin y al cabo, es sólo rock and roll, pero nos mola. Escribir es sólo juntar letritas, pero me mola. El wrestling son unos cuantos hombres semidesnudos forcejeando y sudando… bueno, también hay mujeres, y los contendientes pueden sangrar, partirse la crisma a botellazos o tirarse de una escalera de 6 metros de altura. Cierto que las historias no son precisamente Dickens, o Tolstoi, pero si lo enfocas como ver a especialistas de cine haciendo un espectáculo en vivo, y con historias que no por ser simplonas pierden epicidad (salir a defender al aliado, o a la amiga, traicionar a quien no se lo espera) … suele funcionar.
Trust in me. Tiene un aire grunge. Es como si Nirvana conociera a System of a Down, o si Staind hubiera unido fuerzas con Serj Tankian. Lo que decía, la mejor parte del wrestling son las entradas. La música a toda mierda, destellos estroboscópicos a diestro y siniestro, fuegos artificiales que queman más pólvora que una carabela del siglo XV… tiene que ser algo mágico, un estadio con varios miles de almas, tralla a toda tela, te subes a la segunda cuerda y alzas los brazos, como si fueras una escultura griega en movimiento. Hombre, mucho abdominal voy a tener que hacer, para qué te lo voy a discutir, pero bueno, me gusta esa épica.
Disregarded. Un aura más oscura que nos trae de vuelta a la realidad. Es el Limp Bizkit más contundente, o los Korn de las grandes ocasiones, y estaba pensando en mí mismo, para variar. En navidades, como he sido tan, tan bueno, me trajeron un cuaderno con unos mandalas grabados, una preciosidad, una obra de arte, y me lanzaron un reto: un relato de terror ambientado en Navidad.
Tested and able. Momento Gojira, esto es luxacervicales. Cuando escribo, como ahora, hablo de lo que me da la gana, sin más. Dejo fluir las pocas neuronas sanas que me quedan. No pensaba que aceptar peticiones, como un guitarrista en una boca de metro, fuera conmigo, pero el reto me encendió por dentro.Terror. En Navidad. ¿Qué escribo? Al principio pensé en algo sobrenatural, pero lo descarté pronto. El cine está lleno de fantasmas, espíritus, demonios, monstruos deformes y criaturas infernales que ponen en jaque a una caterva de adolescentes (de 35 palos) con la ropa cuidadosamente elegida para corretear entre grititos de auxilio.
What lies within. Estos cabrones están ganando contundencia. Siempre han sido rápidos y ruidosos, pero ahora me parece que evolucionan a un rock pesado, crudo, a medio camino con el metal, como las clásicas de Pantera. Pues decidí, en mi búsqueda del perfecto relato navideño de terror, al realismo. Buscar a alguien de este mundo, que pudiera ser tu vecino, la cajera de donde compras o el abogado que llevó el divorcio de tu prima.
Hang by a thread. Despidámonos con el agarrau. No voy a dar más detalles, porque la novela está en fase de construcción, pero digamos que plasmé la barbaridad más grande que se me pasó por la cabeza… y me he quedado muy corto. Acabo de paladear las dos primeras tazas de helado sabor diarrea que son los documentos de Epstein. El que se desapuntó de la vida en una celda oscura y fría tenía detrás una suerte de agencia de festejos para el 1% que acapara el 50% de los recursos mundiales.
Scales are falling. Y aquí pienso en el segundo maño más famoso del mundo, Francisco de Goya, con El sueño de la razón produce monstruos, que enlaza con esa frase de Gramsci: El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos. Me niego a escribir las cerdadas que hacían —y que hacen, sólo han cambiado de organigrama, pero siguen funcionando exactamente igual—, porque haría vomitar a Satán, pero estoy pensando en lo importantes que son los objetivos y el memento mori con la hostia que les daban a los senadores romanos.
El capitalismo no da la felicidad. Si el actor de Dawson crece tiene que vender hasta los gayumbos para tratarse un cáncer, el capitalismo no funciona. Si la élite más selecta se aburre tantísimo en su mansión que tiene que acabar curioseando con el canibalismo o la pedofilia, cuando no las dos cosas a la vez, quiere decir que este sistema económico sólo aúpa a la cima a depravados. Tienes que tener muchísimos cables pelados en el coco para que te llamen semejantes guarradas, y, además, tienes que estar carcomido por el aburrimiento, por haberlo experimentado todo, tratado de rellenar con bienes materiales y experiencias únicas un hueco que sólo pueden ocupar las cosas importantes de la vida (tu gente y tus cosas: amor y vocación), para que termines, como el puto idiota de Elon Musk, fantaseando con montar una fiesta sin ley en una isla.
No buscan divertirse, buscan dominar en todas las acepciones posibles. Tienen miles de personas dependiendo económicamente de ellos, seguramente que matan, o habrán matado gratuitamente toda la fauna mundial por la adrenalina de verlos caer. Habrán matado gente, seguramente, desgraciados de esos que desaparecen y a quien nadie echa de menos… pero tenían que ir un paso más. ¡Ojo! Que esto no es baladí. Estas fiestas, estas orgías, se graban y documentan con exquisita pulcritud para poderlo utilizar como chantaje contra los líderes de occidente. Todos esos monaguillos militares que berrean odio y mentan a la patria dándose golpes en el pecho han terminado con venéreas follando con menores.
Qué asco. Lo único positivo es que ahora es más fácil que nunca saber quién está del lado correcto de la historia. Lista de la CIA: a mis brazos, camarada. Lista de Epstein: ni me mires, depravado.
Por dar rienda suelta a mi fiebre grafómana, dando una idea que no me canso de repetir y por poder hacer arcadas a gusto:
